[El pasado]
Siemrpe dicen que al pasado hay que dejarlo atras. Es cierto, aprender algo bueno de todo: lo bueno, lo malo, lo mas o menos, y aprender mucho de eso.
No se la razon de porque ocurrió lo que pasó, asi como tampoco entiendo porque todo tuvo que ser como fue. Yo creo que fue una culpa mutia, pero ahor aya es hora de hacer las disculpas publicas a cad auna de esas personas.
A ti:
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Disculpame por haber sido una persona tan aferrada a algo que no era genuinamente mio. Creo que es justo decir que si, lei cada uno de tus e-mails, auqnue algunas veces los contestabas, ya dejé de hacerlo. Creo que pro ello tambien debo disculparme, porque a pesar de tu tono agresivo, debí haber notado que te costaba demasiado hacerlo. Gracias por eso.
Lamento no haber podido estar alli cuando me necesitaste y haber rota una amistad. Auqnue me sentí dañada no debí haber hecho eso, te dañé mucho y por ello te pido las disculpas correspondientes. Espero que tu vida este tan llana de felicidad como al mia en este momento, que encuentres la felicidad en ti y no en los demas.
Suerte!
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Lamento mucho no haberte apreciado lo suficiente. Me equivoqué en incontables ocasione sy siempre estuviste conmigo, en las beunas y en las malas. Creo que has sido la persona que mas me ha conocido y que más me ha marcado. Gracias pro dejarme haber entrado en tu vida.
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No quiero pedirte disculpas a ti, porque nos iento que te haya hehco nada malo de ninguna manera y tampoco siento que te hayas esforzado lo suficiente como para merecer algo de mi. Si te llenas con odio, tu problema esta a kilometros de mi.
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Lamento que no haya durado lo que queriamos, no te mentí jamás y espeor que me concideres por eso. N unca te he deseado mal, espeor que seas feliz con quien elegiste. Intentaré estar contigo simepre que quieres y que yo pueda.
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¡Adios!
Una tarde en cama
En estos dias, en los que me siento mal. En los dias en que casi no se puede respirar sin evitar tocer, estonudar o sonarse los mocos… ¡pero vaya que uno se da cuenta de que es ambidiestro cuando se necesita!
En realidad, no me gusta estar echada en la cama por causas de enfermedad… auqnue, por otro lado me gusta, porque me regalonean, me ofrecen tecito, me miman y me demuestran lo mucho que desean que este mejor.
¿Saben? En los momentos en que uno mas mal se siente, son los momentos en que uno debe agradecer por tener personas que todavia les importe tu existencia. Y, cuando no demuestran interes, es porque no lo has dicho que estas enfermo.
En estos momentos estoy recordando que, cada vez que moria de resfriado, cuando tenia a mi primer pololo (si, haya por los años), siemrpe que me sentia mal me iba a ver. Era divertido tener a alguien que te fuera a ver cuando estaba muerta, al menos te daban ganas de ponerte mejor porque habia alguien que queria que estuvieras bien.
Ahora, se repite la escena, esoty enferma, en la cama de mi mis padres. Lo unico que ha cambiado es que ahora tengo un computador entre las manos y un monton de carpetas del otro, porque las pruebas no perdonan a los enfermos…
Pero igual me han ofrecido tecito y compañia. Asi que agradesco por tene runa vida tan maravillosa.
[Resfrio: enfermedad viral que molesta mucho]
Les dejare un video que era muy hermoso, la primera vez que lo vi lloré. Esta vez no lloro, porque solamente lo escucho. Disfruten
¡Eneagrama!
Richard creó un eneagrama donde reconoce 9 tipos de personalidades. Se calcula la personalidad mediente un test de miles de frases y el resultado te da el numero de personalidad.
[[Tipo 7: El entusiasta]]
TIPO DE PERSONALIDAD SIETE: EL ENTUSIASTA
► MIEDO BÁSICO: Verme despojado de todo y arrapado en el sufrimiento.
► DESEO BÁSICO: Estar feliz, contento, encontrar satisfacción.
► MENSAJE DEL SUPERYÓ: «Vales o estás bien si obtienes lo que necesitas».
EL TIPO ACTIVO, AMIGO DE PASARLO BIEN, ESPONTÁNEO, VERSÁTIL, CODICIOSO Y DISPERSO
«Aun no tengo claro qué deseo ser cuando sea mayor.»
Hemos llamado entusiastas, este tipo de personalidad porque los Siete se entusiasman por casi todo lo que les atrae la atención. Asisten a la vida con curiosidad, optimismo y espíritu de aventura, como niños en una tienda de caramelos que miran el mundo con ilusionada expectación por todas las cosas buenas que van a experimentar. Son osados y alegres, y van en pos de lo que desean en la vida con animada resolución. Poseen una cualidad cuya mejor definición es la palabra yidish chutzpah, algo así como descaro.
Aunque los Siete pertenecen a la tríada del sentimiento, no lo parece de inmediato porque tienden a ser extraordinariamente prácticos y en cualquier momento están dedicados a una multitud de proyectos. Suelen pensar por adelantado; prevén los acontecimientos, generan ideas al vuelo y prefieren las actividades que les estimulan la mente, que a su vez generan más cosas par, hacer y en las que pensar. No son necesariamente intelectuales ni estudiosos según ninguna definición estándar, aunque suelen ser inteligentes, muy leí dos y elocuentes. Su mente pasa con rapidez de una idea a la siguiente, lo cual los hace muy ocurrentes y capaces de sintetizar información. Los estimula el torrente de ideas y el placer de ser espontáneos; prefieren tener una visión amplia, global, y la emoción de las etapas iniciales del proceso creativo antes que la exploración de un solo tema en profundidad.
Devon, próspero empresario, nos habla del funcionamiento interior de su mentalidad tipo Siete:
“Decididamente soy una especie de lista en persona. No se trata de que me preocupe olvidar las cosas, porque tengo muy buena memoria; es más bien una necesidad de descargar información para que mi mente no gire alrededor de ella. Por ejemplo, fui a un concierto en que las entradas eran muy caras y difíciles de conseguir; no logré escucharlo entero. La mente me torturaba con las cosas que necesitaba hacer. Al final tuve que levantarme y marcharme, lo que desconcertó y preocupó a mi acompañan-te; y yo me perdí un buen programa.”
Suelen estar dotados de agilidad mental y de una excepcional capacidad para aprender rápido, ya se trate de información (idiomas, hechos y procedi-mientos) como de habilidades manuales; tienden a tener una excelente coor-dinación entre la mente y el cuerpo, y gran destreza manual (mecanografía. piano, tenis). Todo esto se combina para hacer de los Siete la quintaesencia de las personas renacentistas.
Paradójicamente, su curiosidad por una amplia variedad de teínas y su capacidad para aprender rápido también pueden generarles problemas. De-bido a su relativa facilidad para aprender muchas habilidades y técnicas dife-rentes, les resulta más difícil decidir qué trabajo o actividad hacer; por lo tan-to, no siempre valoran sus capacidades como las valorarían si tuvieran que esforzarse para adquirirlas. Pero cuando están más equilibrados, su versatili-dad, curiosidad y capacidad de aprendizaje pueden llevarlos a extraordinarias consecuciones.
La causa de este problema es común a todos los tipos de la tríada del pensamiento: están desconectados de la orientación y del apoyo interior de su naturaleza esencial. Esto genera en ellos una profunda ansiedad: creen que no son capaces de tomar buenas decisiones en beneficio de ellos y de los de-más. Tienen dos maneras de arreglárselas con esta ansiedad. En primer lugar tratan de tener siempre la mente ocupada; mientras lo consiguen, sobre todo con proyectos e ideas positivas para el futuro, hasta cierto punto excluyen de su conciencia la ansiedad y los sentimientos negativos. De igual modo, dado que la actividad estimula sus pensamientos, se sienten impulsados a no parar, a pasar de una experiencia a la siguiente, en busca de más estímulos. Esto no quiere decir que giren en círculos; por lo general les gusta ser prácticos y ha-cer las cosas.
Francés, próspera consultora empresarial, da la impresión de tener más energía de lo que es humanamente posible, y sin embargo es una Siete típica:
“Soy muy, muy productiva. En la oficina estoy animada y la mente me funciona a las mil maravillas. Podría planear varias campañas de publicidad para un cliente, esbozar el programa general para un seminario próximo, hablar por teléfono con un cliente so-bre un problema importante, cerrar dos tratos, hacer una lista de trabajos pendientes, dictar unas cuantas cartas y ver en el re-loj que son las nueve y media, hora en que llega mi ayudante para comenzar nuestro trabajo del día.”
En segundo lugar, se las arreglan con la pérdida de su orientación esen-cial empleando el método de ensayo y error: lo prueban todo para saber qué es lo mejor. Muy, muy al fondo creen que no encontrarán lo que de verdad de-sean en la vida; por lo tanto, tienden a probarlo todo, y por último podrían re-currir a cualquier cosa para reemplazar lo que de verdad buscan («Si no puedo tener lo que realmente me satisface, lo pasaré bien de todos modos. Tendré todo tipo de experiencias, y así no me sentiré mal por no tener lo que deseo»).
ESTO lo pone en práctica incluso en los aspectos más triviales de su vida cotidiana. Por ejemplo, si un Siete quiere tomar un helado y no logra deci-dirse por uno de vainilla, de chocolate o de fresas tomará uno de tres sabores, sólo para no dejar de lado el que podría ser la opción «correcta». Tener dos semanas de vacaciones y el deseo de visitar Europa le producirá un dilema similar. ¿Que países y ciudades visitar? ¿Que ver en ellos.” El modo de solventarlo será apretujar en esas dos semanas todos los países, ciudades y lugares di interés posibles. En su apresurada carrera por experiencias emocionantes, el verdadero objeto de su deseo (la flor de su jardín, por así decirlo) podría estar tan enterrado en su inconsciente que en realidad nunca saben cuál es exactamente.
Además, dada la prisa en ir en pos de lo que creen que les ofrece libertad y satisfacción, tienden a elegir mal y son menos capaces de satisfacerse. porque todo lo experimentan de modo indirecto a través del denso filtro di su acelerada actividad mental. La consecuencia es que acaban nerviosos, frustrados y enfadados, y con menos recursos disponibles en los aspectos físico, emocional o económico. Podrían terminar arruinando su salud, sus relacio-nes y sus finanzas en su búsqueda de la felicidad.
Actualmente Gertrude está ocupadísima con su profesión y su familia, pero al mirar hacia atrás ve cómo esta tendencia contribuyó a hacerle difíci-les sus comienzos:
“No había nada para hacer en casa ni en la pequeña ciudad del sur donde me crié. Me moría de ganas de marcharme de allí ha-cia un lugar más interesante. A los dieciséis años comencé a sa-lir con un chico y al poco tiempo quedé embarazada; él no qui-so casarse conmigo, lo cual estaba bien porque yo tampoco deseaba casarme con él. Poco después conocí a otro, nos casa-mos y conseguí que nos trasladáramos a una ciudad más gran-de. Pero las cosas no salieron como yo deseaba, porque después de tener al bebé rompimos la relación y tuve que volver a mi casa. Allí estuve uno o dos años, para recuperarme y poner los pies en el suelo. Cuando las cosas empezaron a ponerse mal, me casé con otro chico. Ahora tengo diecinueve años y creo que ya he hecho bastantes cosas.”
Pero, en el lado positivo, los Siete son personas muy optimistas, exube-rantes y animadas. Están dotadas de mucha vitalidad y el deseo de participar plenamente en sus vidas día a día. Son alegres y joviales por naturaleza, no se toman demasiado en serio las cosas; en realidad no se toman nada demasia-do en serio. Cuando tienen equilibrio interior su entusiasmo y su alegría de vivir influyen en todos los que los rodean. Nos recuerdan el placer puro de la existencia, que es el mayor don de todos.
Ten presente, por favor, que la pauta infantil que des-cribimos aquí no es causa del tipo de personalidad. Mas bien describe las ten-dencias que observamos en la. primera infancia y que tienen una influencia im-portante en las relaciones del tipo en su edad adulta.
LA PAUTA INFANTIL
«Si la vida te da limones, haz limonada.»
Durante su infancia, los Siete experimentan una sensación en gran parte in-consciente de desconexión de la figura sustentadora (que suele ser la madre biológica, aunque no siempre). En general, .son sensibles a una tuerte frus-tración producida por la sensación de haber sido privados del cuidado ma-terno a muy temprana edad, como si los hubieran destetado demasiado pronto (lo cual podría ser cierto en algunos casos). En reacción a eso, los ni-ños Siete «deciden» inconscientemente cuidar ellos de sí mismos («No me voy a quedar sentado compadeciéndome y esperando que alguien cuide de mí. ¡Me voy a cuidar yo!»). Esto no significa que no hayan intimado con sus madres en la infancia, sino que, en un plano emocional inconsciente, deci-dieron que tendrían que atender ellos mismos a sus necesidades.
Los motivos de esta percepción pueden variar muchísimo. Tal vez nació otro hermano y el niño Siete de pronto se sintió desplazado, desatendido por su madre; es posible que una enfermedad interrumpiera la lactancia o los cuidados maternos: o bien el niño cayó enfermo y tuvo que ser hospitaliza-do, o cayó enferma la madre.
Devon, la empresaria que conocimos antes, recuerda:
“Cuando tenía tres años ocurrió un incidente que me impresio-nó tanto que todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Mi hermano bebé tenía convulsiones; mi madre estaba llorando y se arrancaba mechones de sus largos y hermosos cabellos ne-gros. Recuerdo cómo caía el pelo sobre la alfombra rosa y cre-ma. Era de noche, tarde, y la ambulancia se llevó a mi hermano y a mi madre; mi padre los acompañó también. Sé que hasta el año y medio mi madre se ocupó muy bien de mí; después quedó embarazada y se sintió muy mal hasta que nació mi hermano; mi hermano enfermó bastante pronto, por lo cual con todo eso más o menos perdí a mi madre.”
También influye muchísimo en ellos la «fase de separación» del proceso de desarrollo, cuando están aprendiendo a independizarse de sus madres. Una forma de arreglárselas en ese difícil proceso de separación es concen-trarse en lo que los psicólogos llaman objetos de transición. Tener juguetes, juegos, compañeros de juego y otras distracciones ayuda a los niños peque-ños a tolerar esa angustia.
Da la impresión de que los Siete continúan buscando objetos de tran-sición. Mientras encuentran ideas, experiencias, personas y «juguetes» inte-resantes, son capaces de reprimir los sentimientos subyacentes de frustra-ción, miedo y dolor. Pero si por cualquier motivo no encuentran ningún objeto de transición adecuado, la ansiedad y los conflictos emocionales se acumulan en la percepción consciente. Entonces, con la mayor rapidez po-sible, intentan controlar el pánico buscando otra distracción. Ciertamente, cuanto mayor sea la privación y la frustración sufrida por el niño Siete, más intensa será la necesidad del adulto Siete de «ocupar su mente» con diversas distracciones.